
Ya tenemos aquí otra edición de
Gran Hermano. La época en la que los
"Reality-shows" copaban la audiencia en todas las cadenas ya quedó atras, gracias en parte a la explosión de buenas series de ficción que se ha dado de un tiempo a esta parte. Pocas de estas series son patrias, pero aunque sean americanas en su mayor parte, al menos tienen más calidad que la bazofia para ungulados que nos han servido los últimos cuatro o cinco años.
Todo empezó con aquel primer Gran Hermano, que ya apuntaba maneras acerca de lo que iba a suceder. Las cadenas empezaban a basar toda su programación en un único espacio. Los eventos sucedidos en el infame reality luego se repetían hasta la saciedad en los diferentes programas de prensa rosa que todas las cadenas tenían (y tienen). Se creaban debates absurdos acerca de porque el tipo este iba siempre en bata, sobre quien andaba liado con cual y quien se comía la comida de los demás.
Minutos de oroPara las cadenas, crear un reality es un riesgo. Aunque en ocasiones no lo parezcan, se trata de programas caros, que tiene unos requisitos de equipo y recursos humanos muy exigentes, así, la tendencia de los medios televisivos a amortizar cada euro gastado, llevó a la sobreexplotación del producto.
Por eso a las emisoras le han dolido tanto los fracasos de sus realitys. Ahí pueden verse los fallidos intentos de antena 3 por arrebatarle el liderazgo a Telecinco, creando abominaciones aún más zarrapastrosas que Gran Hermano, como El Bus, Escuela de Actores o La Granja. El esquema televisivo creado por Gran Hermano requiere que el programa insignia de la cadena tenga éxito, si falla, todos los programas asociados se hunden tras su estela.
Telecinco también ha tenido su ración de fallos, como la útlima y pregonada edición de la Casa de tu vida, aguantó dos semanas en antena y luego indemnización para los concursantes y aquí paz y después gloria...
La clave del formatoPor desgracia para los
aspañolitos, detras de este constructo existe una inteligencia maligna, experta en saber como darnos donde nos duele. han logrado mantener un formato nauseabundo en todo el prime time durante ocho años, no los subestimemos.
La idea es siempre la misma:
1. Meter gente que tenga una trama chunga o un secreto oscuro detrás, esto se ha ido haciendo cada vez más evidente con cada nueva edición.
2. Que estas personas sean, a poder ser, o bien chavacanas y barriobajeras o bien pijas e insoportables. Si pueden ser ser todas estas cosas mejor.
3. Que los individuos tengan, a ser posible, ideas muy distitnas, para que se peleen.
4. Si son promiscuos,vas por buen camino
5. Si sus familiares son iguales o peores, no puedes pedirle más a la suerte.
Y a todo esta ensalada, de condimento le pones a
Mercedes Milá, experta en destrozar egos ajenos como si fuera un bulldozer israelí y los concursantes chavolas palestinas.
Luego, es buena idea introducir "subtramas", como si de una teleserie se tratara. Este año tenemos el tema de las gemelas, que se turnan para estar en la casa y la de una joven
transexual, de tan solo 18 años de edad, que parece ser que no ha revelado su condición a los demás concursantes. Seguro que alentada por la dirección del programa, que se frtota las manos pensando en si algún chico de la casa le intenta meter mano y se lleva una sorpresa.
Optando por curarse en salud, la madre de la concursante ya ha revelado la condición de su hija, (aunque yo creo que no hacía falta, se nota bastante). Finalmente han optado por provocar tensiones de género, creando un sistema de "palo y zanahoria" mediante el cualhombres y mujeres quedan en equipos opuestos. No me convence el tratamiento del formato sobre temas tan sensibles como estos. Es como encargarle a un nazi que haga una crítica sobre "el violinista en el tejado".
El mensaje de un despropósitoLo peor, lo menos recomendable de este programa es el mensjae que lanza en pos de dos valores muy discutibles. En primer lugar, gana el más popular, el más querido y votado por el público, no necesariamente el que tenga mejores cualidades como persona. A la larga, la idea que introduce es la de que lo que cuenta para tener éxito es la fama, ser conocido y popular es lo único que importa.
Si a esto le sumamos el que los televidentes son testigos de las manipulaciones, peleas, malos modos y gilipolleces en general de los concursantes, que suelen ser unos perlas, se puede llegar a la conclusión de que para triunfar hace falta ser un pedazo de hijo de la gran puta.
Y este programa lo ve mucha gente, demasiada.
Conclusión, muchos se engancharon a esta morralla y otros dejaron de ver la tele. Yo pertenezco a este último grupo y debe decir que no lo hice sin pena, porque la televisión me había sido fiel durante muchos. Afortunadamente, al no haber niños de por medio, nuestro divorcio no fué tan doloroso y siempre quedó abierta la puerta a la reconciliación. No hay mal que cien años dure.
Un saludo!
Audio: " Tarantula" Smashing Pumpkins