miércoles, noviembre 18, 2009

Niño C: Terror en el ultramarinos (Continuación)

Han pasado apenas 15 minutos desde que entró en el Lidl y el niño C ya se ha encerrado en el almacén con una de las Cheerleaders, Yumara, que es de su barrio y cuya rivalidad con la novia de nuestro héroe, Yoli, le lleva a cometer actos de los que se arrepentiría si supiera lo que significa esa palabra.

De pronto, ambos escuchan unos golpes en la cortina metálica que da a la calle, a pocos metros de donde se están dando el lote.


Niño C: IlloooooooooooooooooooooH, callarzeeeeeeeee, como vayaaaaaa us toco la caritaaaaa. (¿Qué puede ser ese ruido? Debería ir a comprobarlo.)

Yumara: Aaaro. (Espera, te acompaño)


En cuanto se acercan los sonidos paran, se dan los dos la vuelta y en ese momento El Niño C le hace a Yumara El Movimiento, Una torsión perfecta de índice y pulgar que desabrocha cualquier sujetador en 0,02 segundos. Justo cuando se disponen a entrar en faena de nuevo, la persiana metálica chirría, levantándose un par de palmos del suelo. Varios tentáculos recubiertos de garfios entran en el almacén y uno de ellos aferra por la pierna a Yumara.

Yumara: caníOOOOOOOO! (Ayúdameeeee!)

Niño C, mientras corre en dirección contraria: Tuhhh Muetto, ke ezo pinshaaaaa. (Aguanta, voy a por ayuda).




El niño C corre hacia la puerta que da acceso al lidl, mientras escucha un ruido que le recuerda a cuando estuvo de aprendiz en una carnicería del Mercado de Atarazanas y encendió sin querer la trituradora de carne cuando se jefe tenía la mano metida.

Entra al Lidl y cierra la puerta tras de si. Pero aun no ha conjurado el peligro, puesto que el interior del supermercado es un caos de gritos y sangre. Terribles criaturas insectoides provistas de pinzas afiladas atacan a los supervivientes, que se defienden con fregonas y esparciendo Freeway cola sobre los monstruos, cuyo poder acídico los disuelve entre chirridos que hielan la sangre.

Un bicho, una especie de libélula deforme fija su atención en el Niño C, que agarra un tipo que corre a su lado y lo interpone frente a la bestia husto antes de que le clave su terrible aguijón. El hombe cae al suelo hinchándose y retorciéndose por los efectos de un veneno que no es de este mundo.
Poco a poco, la situación se va controlando. A base de escobazos, los insectos mutantes son aplastados y las brechas en las puertas tapadas de nuevo, pero a un trágico coste, muchos yacen muertos y heridos. Nuestro héroe está ileso, salvando la vida escodiéndose detrás de una mujer embarazada, que se ha defendido de los insectos con la misma fiereza con la que defendería su asiento en el autobús.

Los supervivientes están aterrados, sin saber que hacer. De pronto, una voz se alza grtiando. Es femenina, pero dura. Ronca y rasgada por mil tragos de cazalla de la sierra.


Hermanos, esto que nos sucede es el castigo a nuestra arrogancia! Dios nos ha enviado una plaga para ponernos en nuestro lugar. Hemos olvidado los caminos del señor para seguir una ruta de depravación moral, vagancia y porno gratis en internet. Se impone un sacrificio humano, la ofrenda de la sangre de un pecador para renovar la alianza con el señor!


El niño C mira en dirección a la voz, una mujer menuda y delgada, arrugada, vestida con un hábito gris y una rebeca negra de punta. Lleva unas gafas frabicadas con el culo de unas cruzcampo y sujeta entra las manos un dvd del Superlibro (a 4,95 euros)

Niño C: Ottia, za eeeh mi maestrah, la Henmana Cannmen! (Vamos a morir todos)


5 comentarios:

Letichan dijo...

Me voy a hacer fan del niño C. Y mira qué es cabroncete... Lo de siempre, mu divertido ciudadano y mu fiel al espíritu cani.

Superbaturra dijo...

joé, menudo caballerete, jajajaja. Muy diver ;)

Dani Luna dijo...

Me está gustando la historia del Niño C en el Lidl. Iré siguiendo tu blog.
Cuidate!

Juanjo Madueño dijo...

haber si esta historia acaba y no nos dejas colgados.

El niño C me suena creo que he visto cientos de ellos a lo largo de casi diez años en Málaga

Sr. Calavera dijo...

Siempre polemizando, Sr. Madueño. xD